Hay aniversarios que se celebran en una tarde, y otros que se alargan todo un fin de semana. Para su 50 cumpleaños, Anna no quería ni grandes fuegos artificiales ni una cena protocolaria en un restaurante. Quería tiempo. Tiempo de calidad con la gente que quiere, sin prisas y en un lugar donde pudiera compartir risas, comidas, paseos y recuerdos. Y encontró el escenario perfecto: Mas Redortra, una masía rural rodeada de naturaleza, cerca del Santuario de Bellmunt y con unas vistas impresionantes sobre la Plana de Vic.

Viernes por la tarde: reencuentros y vino al aire libre
Los primeros invitados llegaron el viernes por la tarde. Anna, visiblemente emocionada, recibió a cada uno con una sonrisa sincera y una copa de vino de un productor de Osona. En el porche del edificio principal, ya les esperaba una mesa larga cubierta con manteles de lino blanco, iluminada con luces de hilo y velas. Se sirvieron tapas caseras y quesos de la zona mientras, de fondo, sonaba una lista de reproducción hecha especialmente para la ocasión, llena de canciones que habían marcado diferentes etapas de su vida.

Sábado de excursiones y un taller de recuerdos
Al día siguiente, después de un desayuno de payés con embutidos, pan con tomate y mermeladas caseras, los grupos se dividieron para hacer diferentes actividades. Algunos subieron caminando hasta el Santuario de Bellmunt, mientras otros, especialmente las familias con niños, se quedaron en la finca, donde la masovera les acompañó a ver las gallinas.
Mientras tanto, en uno de los salones interiores, una de las sobrinas de Anna había organizado un “taller de recuerdos”. Todo el mundo podía escribir en una hoja alguna anécdota vivida con ella, y colgarla con una pinza a una cuerda que cruzaba la sala. Por la tarde, se leerían en voz alta. Las primeras hojas se llenaron de frases divertidas: “La primera vez que comiste sushi y pensaste que el wasabi era guacamole”. “Cuando nos perdiste en Ámsterdam y terminaste siendo amiga de un conductor de tranvía”. “Tu obsesión por coleccionar CDs de jazz que nunca escuchabas”.

Cena de cumpleaños y cartas con centros de mesa naturales
Con la puesta de sol tiñendo de naranja el cielo, todos se vistieron un poco más elegantes para la cena de cumpleaños. En el interior de la Nave se sirvieron platos elaborados con productos locales: ensalada de higos y queso azul, pollo de corral con ciruelas y patatas al romero, y de postre, un pastel de queso con fresas de temporada.
Después del brindis, llegó uno de los momentos más emotivos del fin de semana: la lectura de las notas colgadas en el “taller de recuerdos”. Anna escuchaba con los ojos brillantes mientras leían palabras cargadas de afecto, ironía y ternura. Para terminar, cada uno escribió una carta que ella solo leerá cuando cumpla 60 años. Una especie de cápsula del tiempo escrita con amor.


Domingo tranquilo: cafés lentos y últimos abrazos
Al día siguiente, el sol entraba lentamente por las ventanas de las habitaciones. La mañana fue pausada. Cafés en mano, conversaciones en el jardín y miradas cómplices. Nadie quería irse demasiado temprano. La magia del fin de semana aún flotaba en el aire.
No todo el mundo puede decir que ha celebrado su cumpleaños rodeado de animales, jardines, montañas y personas que lo quieren. Pero Anna sí. Mas Redortra fue más que un espacio: fue un refugio, un hogar efímero que acogió un fin de semana lleno de significado. Y, para todos los que estuvieron allí, una pequeña historia que se guardará en el cajón de los recuerdos para siempre.
Gracias, Anna, por confiar en Mas Redortra.

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